Diario

🌿 Crea Salud: cuando las mujeres cuidan, enseñan y transforman

En las zonas rurales y costeras de Nicaragua, como Rosita y Prinzapolka, el derecho a la salud no siempre se garantiza desde centros médicos. A menudo, es en las casas, en los caminos, en los rituales o en las redes vecinales donde se cuida la vida. Y son las mujeres —promotoras, parteras, médicas tradicionales y defensoras comunitarias— quienes han sostenido este derecho con saberes transmitidos de generación en generación.

Sin embargo, su papel ha sido históricamente invisibilizado. Crea Salud, una experiencia impulsada por Farmamundi y la organización nicaragüense ADEES, nace precisamente para reconocer, fortalecer y amplificar estas voces. Y lo hace desde un enfoque de salud comunitaria, feminista, intercultural y participativo.

Mujeres que se empoderan… y empoderan a sus comunidades

A través del uso de teléfonos móviles como herramienta de comunicación y transformación social, las protagonistas de Crea Salud han aprendido a registrar sus experiencias, compartir sus conocimientos, y construir narrativas propias en torno a la salud, la identidad y el territorio.

El proceso no se ha quedado en Nicaragua. En Bilbao, estudiantes y profesionales del ámbito sanitario y social han participado en talleres, encuentros y procesos de reflexión a partir de las historias contadas por estas mujeres. De este modo, Crea Salud ha tejido un puente pedagógico entre territorios y ha generado un diálogo intercultural que rompe con la visión asistencial de la cooperación y apuesta por el aprendizaje mutuo.

Un proyecto con impacto local y global

La iniciativa ha sido posible gracias al apoyo de la Agencia Vasca de Cooperación al Desarrollo, y se enmarca dentro de un modelo de intervención que promueve la educación para la transformación social. En cada fase, ha integrado enfoques clave como la equidad de género, la diversidad cultural, la sostenibilidad ambiental y la participación comunitaria.

Los resultados van más allá de los productos audiovisuales creados: hablan de autoestima colectiva, redes fortalecidas, conocimientos visibilizados y jóvenes sensibilizados sobre los retos de la salud en clave de justicia global.

¿Qué aprendemos de esta experiencia?

Que cuando las mujeres cuentan sus historias, inspiran cambios reales.
Que no hace falta una gran infraestructura para generar transformación.
Y que la salud no se construye solo en hospitales, sino también en las comunidades, con voces que cuidan, que enseñan y que resisten.

Esta experiencia ha sido recogida como una de las cinco buenas prácticas identificadas en el proyecto Buenas prácticas en cooperación internacional protagonizadas por ONGD asturianas desde un enfoque de derechos humanos y feminismos.

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